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6 nov. 2015

Limosna

Desde que nos zambullimos en el mundo del autismo, hemos conocido un montón de historias. Historias pequeñas. Historias de superación. Historias de niños, adolescentes o adultos con TEA que luchan contra sus dificultades y ganan algunas batallas.

Hemos conocido también historias de familiares que luchan a diario por mejorar la calidad de vida de sus hijos, nietos, sobrinos, hermanos… y que se embarcan en los proyectos más rocambolescos para financiar terapias, monitores, etc…y paliar la ausencia de ayudas. A algunos padres los hemos conocido mientras construían proyectos solidarios: Belén organizaba un mercadillo solidario en Leganés. Albert preparaba el proyecto Road to Chicago. Ahora organiza el CorreBlau. Juan Carlos montaba TEAtreves con la Titan. Eva, el Festival bailoTEA. Su marido, May, corrió la Maratón de Barcelona para recaudar dinero, como los anteriores.

Y hemos conocido demasiadas historias injustas: Padres que luchan por tener un monitor en el comedor o en una actividad extraescolar para que sus hijos puedan comer en el colegio o jugar al fútbol como los demás. Familiares que batallan contra la administración, que les intenta regatear todo (profesores de apoyo, logopedas, etc…). Padres, como los de una niña de Málaga, que está sin escolarizar, porque los padres de los otros niños se niegan a que vaya a clase con sus hijos. Padres, como los de la Comunidad de Madrid, que se están partiendo el pecho para que se cumpla la ley y no haya más de 5 alumnos por aula TGD. O madres, como Susana, que se ve empujada a mendigarle a la Consejería de Educación de su comunidad un colegio para Aaron.

La mayoría de historias permanecen en el olvido. Algunos padres luchan, tienen suerte y consiguen que su historia aparezca en los medios y su problema se resuelve entonces en un plis plas.

Salir en los medios, sin embargo, no puede ser una solución. Salir en la televisión para que se corrija una injusticia no es una solución, sino una limosna que resuelve un conflicto puntual, pero no arregla el problema. Y estamos hartos de limosnas y de mendigar nuestros derechos.

¿Por qué no construimos una sociedad más justa y sensible con quien lo necesita? Mientras no lo hagamos, seguiremos pidiendo limosna.


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