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16 mar. 2015

Una pelota de hormigón

Cuando nos preguntan por Ares, por sus avances, por si comenzó a hablar, preguntas siempre en positivo, intuimos que para intentar arrancarnos una sonrisa en vez de una mueca de tristeza, nos gusta decir, sobre todo a la gente que no tiene relación con el autismo, que el TEA es como una enorme pelota de hormigón y que los padres tenemos un pico, un martillo y poco más para intentar arañarla, arrancarle pequeños pedazos que son los pequeños/grandes logros.

Una vez superado el shock del diagnóstico, miras el martillo y el pico y te sientes poderoso, capaz de hacer añicos esa bola que te han puesto delante. Empiezas a picar con fuerza y sin sentido, como el niño que se pelea con un adulto y lanza puñetazos estúpidos al aire. Acabas agotado y sin premio. Sólo consigues ver la pelota mucho más grande que antes; y el martillo y el pico como utensilios inútiles.

Te recuperas pronto del batacazo y reanudas la tarea con rabia.  Y vuelves a perder la paciencia. Y continúas. Y arrancas un trozo de hormigón, que se convierte en la gasolina para seguir picando. Y vuelves a caer y a levantarte y a perder la paciencia y a arrancar otro trozo, que siempre es más que nada y menos de lo que esperabas

Y al final aprendes, porque el autismo es también una escuela de aprendizaje para los padres, que la paciencia te irá faltando cada cierto tiempo, que la bola nunca la romperás en pedazos y que mejor aparcar la rabia, aunque aparezca de vez en cuando,  y emplees la fuerza del cariño para impulsar el pico y el martillo que tendrás que usar toda la vida para irle ganando batallas al jodido hormigón.


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